Senderistas: Mary, Belén, Fede, Carmen_D, Luis_Gispert, Pedro, Aurelio, Maria_Amparo, José_Manuel.
El Peñón de Ifach.
Ruta lineal que se inicia en el pequeño parking que existe en un descampado justo antes de la entrada al parque natural del Peñón de Ifach. Para llegar hasta allí lo mejor, al menos viniendo desde Valencia, es coger el desvío de "Calpe norte" y luego seguir las señales marrones del parque. En cuanto a la ruta se inicia en el centro de interpretación del mismo remontando el Peñón por su cara norte a base de un amplio sendero vallado que nos ofrece vistas de Calpe, sus salinas y su puerto. Llegamos a un túnel de unos 30 m. que no tiene luz pero si dos pasamanos de cuerda o maromas. ¡Ojo con el piso del túnel! que está plagado de agujeros y no se ven. Además las piedras que encontraremos en el sendero están bastante pulidas por el paso de la gente que visita el parque.
Al salir del túnel nos encontramos con una senda que nos lleva hasta la punta que se adentra en el mar dejando a nuestra derecha el desvío del vértice geodésico. Tras visitar este mirador natural retrocedemos y tomamos el desvío de la cima que nos lleva por una senda algo más agreste que a pocos metros de la cumbre tiene su máximo desnivel y la senda se desdibuja pero no ofrece duda en cuanto hacia dónde dirigir nuestros pasos. La vista desde la cima compensa la subida: Serra Gelada, Puig Campana, El Bérnia, El Montgó, etc. La vuelta se realiza por el mismo camino.
Notas de campo.
Mary confabulada con Belén nos propuso vía e-mail una ruta extraoficial para el día de San José, con comida incluida. Como la ruta era corta puso la hora de salida a las 9:00 y de hecho sobre las 10:30 ya estábamos en el aparcamiento del parque natural. Nos lo tomamos con calma pues en principio teníamos hora de subida a las 11:30 aunque luego resultó que no había más control que un solitario torno para contar los accesos al parque.
Entre unas cosas y otras empezamos la subida al peñón desde el centro de interpretación a las 11 ¡y sin almorzar!, por un amplio sendero jalonado con pinos cuyos troncos estaban retorcidos a causa del viento. En poco tiempo alcanzamos el túnel y lo atravesamos despacio sin mayores problemas. A la salida había gente almorzando y nosotros seguimos nuestro camino amenizado por el estridente chillido de las gaviotas que a centenares revolotean sobre nuestras cabezas y se posan a escasos metros de la senda.
El sendero esta concurrido por ocasionales senderistas visitantes de este precioso parque natural y hay que ir cediendo el paso de vez en cuando a los que vuelven. La humedad está patente en el terreno pues la vegetación así lo atestigua. Por fin llegamos al mirador del cabo que no permite ver el acantilado porque hay un peñasco que nos lo impide. Como el sitio es pequeño optamos por volver unos metros atrás y en otro mirador que se abre hacia el sur , ¡por fin! almorzamos. En esta ocasión fue María Amparo quién el miércoles por la noche hizo un Brownie para celebrar mi santo en el almuerzo y tal fue el éxito del mismo que le pidieron que lo pusiera en el foro de cocina.
Nos quedaba la subida a la cumbre que iniciamos retrocediendo hasta el desvío para subir por una senda cada vez más escalonada hasta el mismo vértice geodésico. Tras empapar nuestras retinas con las vistas panorámicas que nos ofrece, nos hicimos la foto de grupo y emprendimos el regreso. Primero bajamos hasta el desvío donde nos reagrupamos y continuamos hasta el túnel donde Mary, dada la oscuridad reinante, metió un pie en un agujero y se torció un tobillo que le hizo bajar el resto del sendero coja. Al pasar por el Centro de Interpretación del parque, Mary entró para protestar por el agujero que a buen seguro habrá torcido más tobillos.
Ya en el aparcamiento cogimos los coches y nos fuimos a comer al restaurante "Casa Manolo" donde nos esperaban un hermano de Fede con su mujer y otra pareja. Acabamos comiendo todos juntos arroz de senyoret, muy bueno pero escaso de cantidad para mi gusto (el aire de mar me abre el apetito). Excelente sobremesa donde con el café dimos cuenta del Brownie que había sobrado en el almuerzo no dejando ni las migajas pues a María Amparo le había salido para chuparse los dedos ¿o no?.
Entre el vino para comer y la mistela del chupito final optamos por bajar hasta la cala de la Fustera para despejarnos y acabamos rodeando el pequeño acantilado de la izquierda por la rocosa orilla que nos ofreció una vista del Peñón de Ifach a lo largo. Llegamos hasta otra pequeña playa donde en lugar de volver atrás subimos por un paseo que comunica con la cala de La Fustera. Volvimos al restaurante sobre las 18:20 e iniciamos la vuelta a casa tras pasar un día de montaña en la playa.
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Documentación.